¿A qué trastornos de salud mental se enfrentan las mujeres en el siglo XXI?

¿A qué trastornos de salud mental se enfrentan las mujeres en el siglo XXI? Desde la ansiedad hasta los trastornos alimentarios, muchas mujeres enfrentan desafíos psicológicos que afectan su bienestar. ¿Cómo podemos mejorar la prevención y el acceso a tratamiento?

Desde PsicoConfident, creemos que la salud mental femenina debe ser visibilizada y abordada con profundidad. A lo largo de la vida, las mujeres enfrentan desafíos psicológicos específicos debido a una combinación de factores biológicos, hormonales y sociales. Estos influyen en la aparición y desarrollo de diversos trastornos mentales que, en muchos casos, son subestimados o mal diagnosticados.

En este artículo, exploraremos los trastornos de salud mental más comunes en mujeres, sus causas, los factores de riesgo y las estrategias de prevención y tratamiento.

Factores que influyen en la salud mental de las mujeres

El bienestar emocional de las mujeres está determinado por múltiples variables que interactúan entre sí. Por un lado, los cambios hormonales a lo largo del ciclo vital (menstruación, embarazo, posparto y menopausia) pueden provocar alteraciones en el estado de ánimo y aumentar la vulnerabilidad a trastornos como la depresión o la ansiedad.

Por otro lado, los roles de género impuestos socialmente generan una sobrecarga emocional significativa. La conciliación entre la vida laboral y familiar, la presión estética y la expectativa de cuidar de otros antes que de sí mismas pueden derivar en altos niveles de estrés. Además, la violencia de género, el acoso y la discriminación constituyen factores de riesgo que pueden desencadenar trastornos como el estrés postraumático y la depresión.

Los trastornos de salud mental más frecuentes en mujeres

Depresión mayor y trastorno depresivo persistente

La depresión es el trastorno mental más diagnosticado en mujeres, con una incidencia que duplica la de los hombres. Su origen responde a una combinación de factores biológicos, emocionales y contextuales.

A nivel emocional, la depresión se manifiesta con sentimientos persistentes de tristeza, vacío o desesperanza. Muchas mujeres que la padecen sienten que han perdido el interés en actividades que antes disfrutaban y experimentan una profunda falta de motivación.

En el ámbito físico, es común la presencia de fatiga extrema y una sensación constante de agotamiento, incluso después de haber descansado. Los problemas de sueño también son frecuentes, alternando entre insomnio o una necesidad excesiva de dormir.

Por último, la depresión afecta la capacidad cognitiva, dificultando la concentración y la toma de decisiones. Esto puede generar problemas en el entorno laboral, académico y personal, aumentando la sensación de frustración e inutilidad.

Trastornos de ansiedad y ataques de pánico

Las mujeres tienen entre dos y tres veces más probabilidades de padecer ansiedad que los hombres. Este trastorno suele manifestarse con pensamientos intrusivos y recurrentes que generan una sensación de angustia constante, afectando la calidad de vida.

A nivel físico, la ansiedad se presenta con síntomas como palpitaciones, sudoración excesiva y una sensación de ahogo. Durante un ataque de pánico, muchas mujeres describen una opresión en el pecho que puede confundirse con problemas cardíacos, lo que agrava la sensación de miedo.

Además, la ansiedad genera hipervigilancia, haciendo que la persona esté en un estado de alerta constante. Esto conlleva tensión muscular y dificultad para relajarse, lo que interfiere con el descanso y las actividades diarias.

Trastornos de la conducta alimentaria (TCA)

Los TCA afectan mayoritariamente a mujeres, siendo la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón los más comunes. Las causas de estos trastornos están relacionadas con la presión social, la baja autoestima y la insatisfacción con la imagen corporal.

En la anorexia, la persona reduce drásticamente la ingesta de alimentos, generando una pérdida de peso extrema que pone en riesgo su salud. Es común que desarrolle una obsesión por contar calorías, realizar ejercicio excesivo y evitar situaciones sociales que impliquen comer.

En el caso de la bulimia, se producen episodios de atracones seguidos de conductas compensatorias, como el vómito inducido o el uso excesivo de laxantes. Esto genera un ciclo de culpa y vergüenza que refuerza el trastorno.

Por otro lado, el trastorno por atracón se caracteriza por el consumo descontrolado de grandes cantidades de comida en poco tiempo, sin conductas compensatorias. Esto suele estar relacionado con la regulación emocional, ya que muchas mujeres recurren a la comida para aliviar el estrés o la ansiedad.

Trastorno de estrés postraumático (TEPT)

El TEPT es una respuesta psicológica a experiencias traumáticas. En el caso de las mujeres, la violencia de género, el abuso sexual o las relaciones tóxicas pueden ser desencadenantes.

Quienes padecen este trastorno suelen experimentar reviviscencias del trauma a través de flashbacks o pesadillas recurrentes. Estos episodios pueden aparecer de forma inesperada y generar una intensa sensación de angustia y miedo.

A nivel conductual, es frecuente la evitación de lugares, personas o situaciones que recuerden el evento traumático. Muchas mujeres limitan su vida social o desarrollan ansiedad extrema en espacios públicos.

Además, el TEPT genera hipervigilancia, haciendo que la persona esté en un estado constante de alerta. Esto provoca insomnio, irritabilidad y una respuesta exagerada ante estímulos que podrían parecer inofensivos para los demás.

Estrategias de prevención y cuidado de la salud mental femenina

La prevención es clave para reducir el impacto de estos trastornos y mejorar la calidad de vida de las mujeres. Algunas estrategias eficaces incluyen:

Fomentar una educación emocional desde la infancia

Incorporar herramientas de inteligencia emocional desde edades tempranas permite que las niñas desarrollen una mayor capacidad para gestionar sus emociones, identificar señales de alerta y pedir ayuda cuando la necesiten.

Romper con el estigma de la salud mental

Es esencial normalizar la búsqueda de ayuda psicológica y psiquiátrica, eliminando los tabúes que aún persisten sobre la salud mental. Acceder a terapia debe ser visto como un acto de autocuidado y fortaleza, no de debilidad.

Crear espacios de apoyo y contención

Las mujeres necesitan redes de apoyo sólidas, tanto en el ámbito familiar como en el profesional. Contar con un entorno seguro donde expresar emociones sin juicio puede marcar la diferencia en la recuperación de un trastorno mental.

Promover el autocuidado y la gestión del estrés

Pequeños cambios en la rutina diaria pueden ayudar a mejorar el bienestar emocional. Algunas estrategias incluyen establecer límites saludables en el trabajo y en la vida personal, practicar técnicas de relajación como la meditación o la respiración consciente y mantener hábitos de sueño y alimentación equilibrados.

La importancia de visibilizar la salud mental en mujeres

A lo largo de la historia, la salud mental femenina ha sido minimizada, estigmatizada o malinterpretada. Muchas mujeres han sido diagnosticadas erróneamente con términos que patologizaban su comportamiento sin un análisis profundo de su realidad emocional y psicológica. Aún hoy, persisten barreras que dificultan el acceso a tratamientos adecuados y generan una brecha en la atención de los trastornos mentales.

Uno de los principales desafíos es la normalización del sufrimiento emocional en mujeres. Se espera que sean fuertes, resilientes y capaces de manejar múltiples responsabilidades sin mostrar vulnerabilidad. Esto lleva a que muchas oculten sus síntomas por miedo a ser percibidas como «demasiado sensibles» o «exageradas». En consecuencia, los trastornos como la ansiedad y la depresión pueden pasar desapercibidos hasta que alcanzan un nivel crítico.

Otro aspecto fundamental es la representación en la investigación y el tratamiento psicológico. Históricamente, los estudios clínicos sobre salud mental han priorizado muestras masculinas, dejando a las mujeres en un segundo plano. Como resultado, ciertos trastornos que afectan mayoritariamente a mujeres, como los trastornos de la conducta alimentaria o el trastorno disfórico premenstrual, han sido menos estudiados y comprendidos. Además, las diferencias hormonales y biológicas entre géneros han sido ignoradas en los tratamientos psiquiátricos, lo que ha llevado a una sobredosificación o a efectos secundarios más severos en mujeres que toman medicamentos diseñados bajo parámetros masculinos.

Visibilizar la salud mental femenina también implica hablar de la interseccionalidad. No todas las mujeres enfrentan los mismos obstáculos; las mujeres neurodivergentes, por ejemplo, se enfrentan a una doble invisibilización. Aquellas con trastornos del espectro autista (TEA) o TDAH han sido históricamente subdiagnosticadas, ya que los criterios clínicos se han basado en presentaciones típicas masculinas.

En el caso del autismo, muchas mujeres han aprendido a enmascarar sus síntomas para encajar en la sociedad, lo que genera altos niveles de ansiedad y agotamiento emocional.

En cuanto al TDAH, la mayoría de los diagnósticos han estado centrados en la hiperactividad, que es más visible en niños y hombres. Sin embargo, en las mujeres suele manifestarse de manera interna, con una lucha constante contra la desorganización, la procrastinación y la autocrítica excesiva. Muchas han crecido sintiéndose “defectuosas” sin saber que su cerebro simplemente funciona de manera diferente.

Visibilizar estos desafíos implica no solo reconocer la existencia de estos trastornos, sino también adaptar los enfoques terapéuticos y educativos para brindar un apoyo real a las mujeres neurodivergentes. La falta de diagnóstico en estas poblaciones no solo impide el acceso a tratamientos adecuados, sino que también genera problemas de autoestima y salud mental que podrían evitarse con un acompañamiento temprano.

Por otro lado, el acceso a la salud mental no es igual para todas las mujeres. Aquellas que pertenecen a minorías étnicas, comunidades LGTBIQ+ o estratos socioeconómicos más bajos enfrentan barreras adicionales, desde la falta de recursos hasta la discriminación en entornos médicos. La falta de representación en los espacios de terapia y la ausencia de perspectivas culturales en los tratamientos psicológicos refuerzan la sensación de que sus experiencias no son validadas.

En Definitiva…

Visibilizar la salud mental en mujeres no es solo hablar de estadísticas o diagnósticos, sino generar espacios donde todas puedan acceder a atención psicológica sin prejuicios ni limitaciones. Esto implica fomentar campañas de concienciación, exigir más estudios sobre las particularidades de la salud mental femenina y, sobre todo, construir una sociedad que valore el bienestar emocional de todas las mujeres sin excepciones.

Desde PsicoConfident, creemos que la salud mental es un derecho, no un privilegio. Apostamos por seguir ampliando el debate, ofreciendo información de calidad y promoviendo un enfoque inclusivo en la psicología que tome en cuenta las diferencias biológicas, sociales y culturales que afectan a cada mujer.

Visibilizar es el primer paso para cambiar realidades. Es hora de garantizar que todas las mujeres, sin importar su condición, raza o distintivo de turno, puedan recibir la atención y el apoyo que merecen.

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